La carne y sus derivados son productos recomendados por las principales sociedades científicas y expertos en nutrición.

Desmontando los mitos del consumo de carne y sus derivados

¿Dos horas de digestión antes de volver a bañarte en la piscina? ¿Las picaduras de medusa se curan con vinagre? A menudo calan en la sociedad falsas creencias, percibidas como verdades absolutas asociadas a la sabiduría popular. Lo que ocurre con el verano, pasa con la carne, pero todo el año. 

En este post te desmontamos 5 grandes mitos asociados a la carne y su consumo.

Todos los tipos de carne tienen un elevado valor nutricional

“Todas las carnes son iguales” 


Existe una gran variedad de especies animales. Asociados a ellos y a la alimentación humana, como es de sobra conocido, hay gran variedad de cortes de carne que se adaptan a los diferentes gustos y necesidades del consumidor. 

No todas las carnes son iguales, pero sí todos los tipos de carne tienen un elevado valor nutricional. Al ser de origen animal, es un alimento fuente de proteína de alto valor biológico. Eso sí, es importante que cuando se consuma carne, se elijan en mayor proporción las partes magras.

La recomendación de la guía ‘Carne y Salud en adultos’ es que su consumo sea no más de 100 gramos de carne y 50 gramos de elaborados por día. Estas pautas se pueden incorporar a nuestros hábitos fácilmente a través del control del tamaño de las raciones y  la moderación. Por ejemplo, 100 gramos de carne fresca equivale a un filete, mientras que 50 gramos de derivados cárnicos equivaldrían a dos lonchas de jamón serrano.


“Comer carne engorda más que otros alimentos” 

En grandes cantidades todo engorda. No obstante, incluir carne en una dieta sana y equilibrada puede suponer todo lo contrario. La proteína cárnica sacia más rápido (evita el picoteo entre horas), ya que se ralentiza el consumo de calorías de tu cuerpo.

De hecho, los especialistas recomiendan el consumo de carne en las dietas de adelgazamiento. Para Gaury Taubes, divulgador nutricional de reconocido prestigio, una dieta rica en carne es la más apropiada para perder peso paulatinamente y de forma saludable. 

El exceso de peso, cuando así lo considere un especialista, se debe corregir con cambios de hábitos saludables asociados a la alimentación, las rutinas y el deporte. No a través de la supresión de productos básicos de la dieta como la carne, aporte de proteínas y vitaminas esenciales para nuestro organismo. 


“La carne es el alimento con más grasa” 


Grasa, esa palabra que lleva asociada  kilos y kilos de ideas preconcebidas: ¿Son todas perjudiciales?, ¿todas las carnes contienen las mismas grasas o los mismos niveles? Evidentemente, no.

Otro de los falsos mitos más habituales con relación a la carne en general es la asociación de esta con alimentos muy grasos. Aunque se ha cuestionado mucho el papel de las grasas en la dieta, lo cierto es que son necesarias. Además de aportar energía al organismo, son indispensables para la absorción de vitaminas. Son fundamentales también para el desarrollo y crecimiento de los niños, para la buena salud de la piel o del cabello, entre otras funciones beneficiosas. 

Ya hemos comentado que un primer paso para combatir el exceso de grasas, puede ser decantarse preferiblemente por las carnes magras. Más allá de ello, también cuenta elegir tipos de cocinado más saludables: al vapor, cocida, a la plancha, etc. 

Por otro lado, con la entrada en vigor de la normativa europea de seguridad alimentaria, se han establecido nuevos controles más estrictos sobre los procesos de cría y alimentación del ganado. Destaca el esfuerzo realizado por la cadena de producción cárnica, seleccionando ganado reproductor con potencial genético para crecimiento magro. 

Gracias a estas y otras medidas, se ha logrado una reducción media del contenido de grasa de la carne en un 30% para porcino, 15% para vacuno y 10% para ovino. 

“La carne no es necesaria ni recomendable” 

Existe una creencia por parte de algunos sectores de que el consumo de carne no es necesario para el desarrollo y el mantenimiento del cuerpo humano. La carne es la principal fuente de nutrientes exclusivos de origen animal. Contiene en mayor proporción que otros alimentos vitaminas, como la B12, y proteínas difíciles de encontrar en otras comidas. Además, el hierro que contiene se absorbe mucho más rápido que el de legumbres y frutas. Eliminar la carne de la alimentación aumenta el riesgo de sufrir carencias nutricionales. 
A esto le sigue el mito de que el consumo de carne no es recomendable. La carne y sus derivados son productos recomendados por las principales sociedades científicas y expertos en nutrición. Esta debe incluirse dentro de una dieta variada y equilibrada en cualquier edad.


“Las proteínas vegetales son mejores”


El término proteína proviene del griego “proteios”, que significa “primario”. Este significado es muy apropiado para el ámbito de la nutrición y la salud.  La proteína es un componente esencial para el crecimiento y desarrollo del ser humano, por lo que debe ocupar un papel destacado en la dieta. 

Las proteínas animales son de mejor calidad nutricional que las vegetales. El dato objetivo es que son las únicas proteínas que contienen los ocho  aminoácidos esenciales. Este tipo de micronutrientes son indispensables porque nuestro cuerpo no es capaz de crearlos mezclando otras moléculas. Por eso, la calidad de una proteína, su valor biológico, depende de su contenido en aminoácidos esenciales. En este sentido, las proteínas cárnicas (carne de vacuno, porcino, caprino, ovino, conejo, etc.), huevos, pescado, etc., tienen un alto valor biológico respecto a las vegetales.

No debemos, en ningún caso, restar importancia al consumo de vegetales en la dieta, sino incorporar carnes de alto valor biológico a una dieta rica en productos vegetales. Una dieta completa debe contener alimentos de origen animal y vegetal, en cantidades y proporciones adecuadas. 

Para terminar, conviene subrayar que los alimentos no son malos por sí mismos. Puede serlo la forma en que se tratan, cómo se cocinan, la forma de prepararlos y el consumo en las cantidades apropiadas. Es nuestra relación con ellos la que puede hacerlos insanos, no el alimento en sí.
 

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