La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) recomienda consumir 1-3 raciones de proteínas diarias

Una dieta que es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad

Necesidades nutricionales dentro de una dieta variada y equilibrada

La carne y los derivados cárnicos son alimentos fundamentales de la alimentación y forman parte de nuestra tradición gastronómica y cultural. Existe una amplia variedad de productos que se adaptan a los diferentes tipos de población, necesidades nutricionales, patrones de consumo y gustos. Así, representan una parte esencial dentro de la Dieta Mediterránea, reconocida como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO y considerada como uno de los modelos alimentarios más recomendables del mundo.

En este sentido, la carne y los derivados cárnicos son alimentos con un valor nutricional muy apreciado. Tienen un alto contenido de proteínas, necesarias para el mantenimiento de los músculos y huesos en condiciones normales. Así, son esenciales para la alimentación en determinados grupos de población en los que las necesidades proteicas están aumentadas, como en las edades de crecimiento intenso (infancia y adolescencia), las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, las personas mayores o los deportistas

Además, son alimentos que contienen cantidades significativas de determinados micronutrientes. En este sentido, la mayoría de las carnes son una importante fuente de hierro, que contribuye a la formación normal de glóbulos rojos, siendo aquellas con una coloración más intensa las de mayor contenido de este mineral. Además, la carne es fuente de vitaminas del grupo B (B1, B3, B6 y B12) y de otros minerales como el zinc, únicamente disponible en alimentos de origen animal, al igual que la vitamina B12. 

Así, la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), recomienda consumir 1-3 raciones de proteínas diarias, alternando entre las distintas fuentes de origen animal (carne magra, pescado, huevos o lácteos) y vegetal (legumbres, frutos secos o semillas). Además, se debe tener en cuenta aquellos casos en los que, en función de la edad, el grado de actividad física, el volumen de masa muscular del individuo o aquellas situaciones comentadas anteriormente, el aporte proteico requerido es mayor. 

Por último, cabe destacar la gran versatilidad gastronómica de la carne dada la amplia variedad de especies y cortes que permiten adaptar el tipo de carne y el método de elaboración a todos los gustos y necesidades. Así, las piezas de carne blandas, con escaso tejido conectivo y poca grasa, son más adecuadas para cocinar a la plancha o al horno, mientras que otras piezas más duras son ideales para guisar. 

Por todo ello, la carne y los derivados cárnicos son alimentos muy adecuados para todas las etapas de la vida como parte de una alimentación variada y equilibrada que incluya frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, leche, huevos, pescados y aceite de oliva virgen extra, entre otros, dado que contribuyen a alcanzar las ingestas diarias recomendados de nutrientes y se adaptan a los gustos y necesidades de cada etapa.

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